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Libro de doctrina IDM Perú (3ra P)

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Lección 11

Servidores de Dios y de la grey

Los creyentes maduros que anhelen ayudar a pastorear el rebaño de Dios (1 Tim. 3:1) mostrarán si tienen don de servicio (Rom. 12:7), por su apego a los hermanos (Col. 4:13). El buen testimonio (1 Tim. 3:7), el carácter manso y la amabilidad denotarán su idoneidad (2 Tim. 2:4). Su consagración a Dios y su conocimiento de la Biblia y aptitud para enseñar son indispensables para su servicio (Tito 1:7-8). Es necesario que sea casado y sus hijos creyentes libres de inmoralidad (Tito 1:6). Su esposa debe ser modelo de respeto y no necesariamente es parte activa del ministerio que pertenece al varón (Hechos 20:17). Todo servidor debe mantener su casa con el trabajo de sus manos (Hechos 20:35) redimiendo el tiempo para cumplir su servicio (1 Tes. 2:9), el pueblo le apoyará con ofrendas (1 Tim. 5:17). Los que viven para predicar y enseñar recibirán su manutención de la congregación a la que sirve (1 Cor. 9:14).

La acusación descalificadora contra un siervo no será avalada (1 Tim. 5:19). Se someterá a investigación por un comité conformado por los pastores más antiguos (2 Cor. 8:23). El abandono de las virtudes del servidor lo descalifica para ejercer su ministerio (1Tim.5:20), la inmoralidad exige la remoción de su cargo (Tito 1:10), pero nada debe estorbar el amor y la buena voluntad hacia él (2 Cor. 7:8).

Las creyentes maduras podrán acceder a la tarea de enseñar a las más jóvenes (Tito 2:4) y a los niños si tienen esa capacidad. Una congregación madura escogerá hermanos para ser nombrados como diáconos después de un periodo de prueba (1 Tim. 3:10). Las hermanas también pueden ser escogidas para esta ardua tarea (Rom. 16:1).

Los evangelistas serán reconocidos por cuanto se dedican a predicar el reino incansablemente a los inconversos (Hechos 21:8) y deben evitar interferir en las labores pastorales (3 Juan 6). Los pastores pueden hacer obra de evangelista no lejos de sus congregaciones (2 Tim. 4:5). Ellos ministrarán o encargarán hermanos para presidir la cena y el bautismo en casos especiales (Juan 4:2; 1 Cor. 11:33).

Lección 12

La Dedicación o Piedad

Como en el Pacto del Sinaí la nación de Israel fue apartada para ser pueblo especial (Deut. 7:6,11) y obedecer los mandamientos, así el pueblo del Mesías debe profesar y practicar piedad (1 Tim. 2:10; 6:11). El término piedad significa sumisión o dedicación a Dios y a su Palabra enseñada por su Hijo.

Dios se complace en la obediencia (1 Sam. 15:22; 1 Juan 3:22) y para que los suyos tengan presente esto deben mantener constantemente contacto con Dios mediante la oración (Salmo 26:2; Efe. 6:18) y la meditación sobre nuestra condición ante Él (Salmo 119:15; 2 Cor. 13:5). La oración es dirigida al Padre como enseñó el Maestro (Mt. 6:9; Juan 16:26). La oración es una actitud permanente más que un acto aislado (Salmo 34:1; 1 Tes. 5:17), sin embargo, hablar con el Padre en secreto es un tiempo especial (Salmo 27:8; Mt. 6:6). Se debe privilegiar el cántico que solo oír el cántico de otros (Salmo 7:17; Col. 3:16)

El Señor Jesús practicó y enseñó la oración personal y privada como la más importante y predilecta por Dios (Lc. 5:16; 6:12). La reunión con otros creyentes nos da la oportunidad de hacer intercesión (Hechos 4:24). Un corazón quebrantado es indicación de adversidades (1 Sam. 1:16; Sant. 5:13) pero es propicio para el ayuno con oraciones (2 Sam. 12:16; Marcos 2:20).

La investigación y dedicación al estudio de la Biblia es un elemento de consagración a Dios (Salmo 119:92; Col. 3:16), conocer mejor los planes, las promesas y la voluntad de Dios nos ayuda a cultivar fruto espiritual (Efe. 1:18). La consagración a Dios debe llevarnos a examinar lo que vemos (Job 31:1;Mt. 5:28) y oímos (Deut.3:8;Prov.1:10), nuestras preferencias musicales o lo que escogemos para ver de modo que no corrompan la vida santificada (Filip. 4:8).

La dedicación del creyente considera la abstención de toda especie de mal (1 Tes. 5:22) en buen dominio propio como una virtud (1 Pedro 2:11). El consagrado a Dios no participa en guerras ni atenta contra la vida de su prójimo conforme la mansedumbre del Señor (Mt. 11:29). Para poder llamarnos "hijos de Dios" debemos ser pacificadores (Mt. 5:9).
Los hijos deben ser enseñados en la devoción a Dios y al Señor Jesús (Deut. 6:7; Efe 6:1), y formados en la vida de dedicación a Dios (Gen. 18:19). Los hobbies o pasatiempos no deben reñir con la consagración (Efe. 5:11). Se debe enseñar a los hijos una manera de hablar en el temor de Dios (Efe. 4:29).

Lección 13

El bautismo y la Cena del Señor

La circuncisión era la señal de la entrada al Pacto para la descendencia natural de Abraham (Gen. 17:10), los gentiles injertados por el Nuevo Pacto no fueron obligados a la circuncisión (Hechos 15:24). El bautismo es la señal de entrada para los que abracen la fe de Abraham (Hechos 10:47-48). A ninguno que haya creído se le debe negar el bautismo (Hechos 8:36). En la congregación organizada el bautismo debe ser efectuado por los pastores para guardar el orden (Hechos 8:13) y en caso especial designarán a un hermano maduro y consagrado a Dios (Juan 4:2).

El candidato debe:
Haber renunciado a otros dioses o co-iguales delante del Dios Único (Is.44:8;1Tes. 1:9)
Haber entendido el Evangelio del Reino que Jesús implantará en su retorno (Mt. 13:19).
Haber entendido y evidenciar el gozo de la redención en Jesús (Hechos 4:31).
Haber decidido abstenerse de los malos deseos y malas obras (Rom. 6:4;Tito 2:12).
Haber decidido vivir en este mundo conforme su dedicación a Dios (Gal. 2:20).

No existe tal cosa como una fórmula o conjuro para bautizar (Hechos 2:41; 16:33). Lucas registra en Hechos que todos se bautizaban en el Nombre de Jesús (Hechos 8:16; 10:48; 19:6), pero ni siquiera es necesario repetir una fórmula que contenga el nombre de Jesús. En Mateo 28:19-20 nuestro bendito Mesías solo está hablando de la autoridad con la cual van a bautizar los apóstoles. En la autoridad o nombre del Padre el Único Dios (comp. Juan 5:43), en la autoridad del Hijo el Ungido de Dios (comp. Hechos 5:28) y bajo la guía y la autoridad que nos da tener el Espíritu de Dios (comp. 1 Tes. 1:5), así como el Mesías enseñó que Juan bautizó con la autoridad del cielo o de Dios (Mt. 21:25).

También es preciso notar que la partícula "y del Espíritu Santo" alude a la orden del Señor Jesús que los apóstoles no salieran a las naciones hasta que haya venido a ellos el Espíritu Santo (Lucas 4: 49), allí recién podrían bautizar en la autoridad del Padre y del Hijo (Hechos 11:17).

Así, el bautismo se puede hacer en sin ninguna invocación (Hechos 8:38) o usar algunas palabras alusivas a la importancia de este acto. Después de esto el nuevo creyente será instruido más exactamente en el camino del Señor (Hechos 18:26) profundizando en las Escrituras (Hechos 20:7).

El bautizado tendrá entrada a la Cena del Mesías, que es la remembranza de la noche que celebró el Nuevo Pacto (Lc. 22:20) para que alcancemos las promesas de Dios (Mt. 26:29), el recuerdo de su valentía ( Jn. 18:20) para enfrentar la muerte por todos para llevarnos a la reconciliación con nuestro Padre Dios (1 Jn. 3:18). Previo a la cena habrá un tiempo de examen de cada uno para arrepentimiento (1 Cor. 11:31), solo los pecados que eran penados con muerte por la Ley impedirán la participación en la cena (1 Jn. 5:16) y el creyente empezará el necesario tiempo de restauración. Para la cena se debe usar ropa formal por ser una ocasión especial.

Otros momentos solemnes deben ser presididos por los pastores y evangelistas y son: la dedicación de los infantes, la bendición del Matrimonio en un local aparte y la sepultura de los santos.

Lección 14

La condenación del pecador

En las Escrituras el castigo fue quitar el privilegio de vivir al pecador como dijo Dios acerca del diluvio: "Raeré al hombre ...de sobre la faz de la tierra" (Gen. 6:7). A Noé le notificó la ejecución del homicida (Gen. 9:6). Abraham preguntó a Dios ¿Destruirás al justo con el impío? refiriéndose a los impíos de Sodoma que debían morir (Gen. 18:23, 25). La advertencia para los israelitas que pecaran contra Dios fue que los castigaría hasta destruirlos. En (1 Sam. 2:9) (Job 3:17) y en los Salmos se anuncia el destino final de los pecadores (Salmo 37:29; 68:2; 69:28; 73:19; 91:8; 104:35). Serán cortados, perecen, serán destruidos.

El Señor Jesús usa dos palabras que confirman este destino que son perdición (Mt. 7:13; Juan 3:15-16; 17:12 y destruir el alma (Mat. 10:28). Nuestro Mesías usó el Gehenna (basurero) de Jerusalén y sus elementos (gusanos, azufre y fuego) para dar a entender lo definitivo del castigo del impío (Mat. 5:22,29,30; 10:28;18:9; 23:15,33). Se supone que los gusanos comían la carne dejando solo la osamenta que el fuego con el azufre consumían. Desde luego sería forzado hablar de gusanos que comen y nunca terminan de comer y de fuego que no termine de consumir lo material.

Pablo va en esta línea, la pena del pecador es lo opuesto al premio del creyente "La paga del pecado es muerte (Rom. 6:23). Pablo mismo enseña explícitamente que los servidores del Anticristo "sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder...(2Tes. 1:9). En la carta a los Hebreos se dice de esta paga con muerte para el pecador que será "una horrenda expectación de juicio y de fuego hirviente que devorará al pecador" (Hebreos 10:27).

Si la paga del pecado fuera la primera muerte entonces los creyentes no serían libres de la culpa por Jesús porque aún lo creyentes mueren. Por tanto la paga del pecado es la segunda muerte de la que solo participarán los que no sean dignos de tener vida (Apoc.21:8). El pecador debe resucitar para dar cuenta de su vida y será juzgado por sus obras (Juan 5:29; Hch. 17:31; 24:15; Rom. 2:16). El pecador no justificado o injusto resucitará con cuerpo mortal susceptible de destrucción (Apoc. 20:15). Los que no resucitan en la primera resurrección tienen riesgo de condena en la segunda (Apoc. 20:6). El fuego es eterno porque es un juicio o castigo preparado por el Eterno mismo.

Tres figuras que ilustran la paga que recibirá el pecador.

Juan el Bautista propone hatos de paja quemados en fuego que no se apagará, lo que garantiza la destrucción total del pecador.

En Hebreos el fuego devora a los adversarios tal como un león devora su presa hasta desaparecerla.

También se dice de Dios que es Fuego que consume al pecador sin dejar vestigio de su cuerpo.

Nota: La Reina-Valera traduce Gehenna con la palabra infierno que fue mutando de su significado del latín original "lugares inferiores" (fosa,hueco) o infernus hasta llegar al dogma romano del tormento de las "almas descarnadas".

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