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El Efecto Barnum por Alex de la Iglesia

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Alex de la Iglesia 29 mayo 2011

El Efecto Barnum
(Parte uno) El Show Business...

Si hay un hombre en la historia que escribió ríos de legendarias mentiras, ese fue Phineas Taylor Barnum. Nacido en Bethel (USA) en 1810, pronto descubrió que el trabajo honesto no era lo suyo. Tras una estafa con cupones de lotería y la creación del 1º periódico sensacionalista (en el que la verdad no era tan importante como el escándalo), Barnum acabó en la cárcel. Allí aprendió los trucos necesarios que le llevaron a convertirse en un “showman”… ¡de la estafa!

Cumplida la condena, puso manos a la obra. Adquirió una mujer negra ciega “Joice la Bicentenaria” a quién presentó como la niñera de… ¡Washington! Más tarde, se hizo con una vieja compañía de espectáculos. A partir de allí, su show ambulante continuaría más allá de su muerte hasta fundarse el “Barnum´s American Museum”, un museo que prometía “500 mil asombros y maravillas” ninguno de los cuales era… comprobable. La mujer sirena o la máquina que desintegraba dinero son sólo algunas de las invenciones que causaron histeria colectiva y no pocas demandas judiciales en su contra…

Gracias a su carismático talento para mentir y su persuasión para afirmarlas, Barnum se convirtió en el 1º Show Businessman de la historia y un icono de las afirmaciones mentirosas. Posteriormente, los sicólogos (con Forer a la cabeza) comenzaron a estudiar la tendencia a creer afirmaciones aunque no fuesen ciertas bautizándolas como “Efecto Barnum” o “Mentira de validación personal” una teoría de la cuál se sirven líderes políticos y religiosos, el horóscopo y el mundo del espectáculo en general…

Estoy hablando de la tendencia en aceptar afirmaciones falsas como verdaderas… Barnum acunó famosas frases pero una en particular fue su lema de vida (aunque algunos dicen que pertenece a su rival Adam Forepaugh): “Por cada minuto, nace un inocente/ tonto”; sus cuatro mansiones y su evidente éxito pueden dar buena cuenta de ello…

Literalmente, Barnum vivió del cuento…

 

Cuantos Barnum pueblan nuestros pulpitos… no lo sé. Lo que sí se, es la cantidad –cada vez mayor- de cristianos sinceros que una vez tenían un ideal de fe y eran parte vital de la iglesia que hoy ya no están. Muchos de ellos, fueron los anónimos que ayudaron a construir los grandes y exitosos ministerios que vemos hoy. Fueron las hormigas trabajadoras, los obreros “ad honoren”, los que servían en la oscuridad que al final se convirtieron en los vasos descartables que ausentes a nadie importan ni recuerdan…

Barnum cambió su época y, muchos de los tontos perdieron su inocencia para siempre; es lo mismo que los Barnum espirituales están haciendo con nuestra generación. El resultado es gente desilusionada que ahora desconfía de la iglesia en la misma proporción que antes lo creía todo. En el medio, asoma un nuevo tipo de cristiano que piensa con la razón lo que antes aceptaba con el corazón y, además tienen un agudo sentido espiritual para debatir cosas que podrían enriquecer a la iglesia…

Ahora, yo sé que estos son gente incómoda que incomoda y un Barnum suele evitarlos a toda costa. Si tú eres uno de ellos, serás bienvenido hasta el día en que abras tu boca y comiences a decir aquello que todos callan…

Estos sanos inconformistas, creen en Dios y en la Biblia pero desconfían de la iglesia y sus líderes. Muchos de ellos, fueron parte de la vorágine organizacional, fieles al remolino de actividades y, que en algún tiempo, parecían estar institucionalizados… ¡Hasta tenían la camiseta de su pastor o iglesia puesta! Pero otra vez, los Barnum detrás de los púlpitos quebraron su inocencia. Y es que hay un nuevo tipo de abuso en la iglesia del que poco se habla y mucho se sufre: Gente inocente, "los quijotes de la fe" que terminan siendo abusados por líderes sedientos de éxito a cualquier costo. Hay cientos de historias que nunca van a salir en los periódicos acerca de gente que sacrificó todo para –al final- quedarse sin nada por culpa de los Barnum en el liderazgo…

Sé que hay miedo de hablar esto y el silencio es producto de una doble acusación: rebeldes y amargados. Obligados a cerrar los ojos, muchos continúan en malas iglesias. Son los que tienen el llanto atragantado, los que todavía buscan sanidad para las heridas del pecado mientras siguen sufriendo las heridas de la iglesia… Los que –desde el llano- aún quieren predicar un evangelio que transforma vidas mientras siguen viendo a los show Businessman mandar en la iglesia…

Quizás lo irónico del caso, es que no sólo nace un nuevo tonto cada minuto en el mundo sino también en la iglesia… ¿Cuál será el destino de muchos nuevos conversos en las manos de los Barnum detrás del púlpito? Es imposible saberlo. Lo que sí se sabe, es que los Barnum en la iglesia cada día mandan más y dañan más… ¿Podría ser esta la causa de una iglesia rica y popular pero floja y excesivamente tolerante? Y es que Barnum no sólo hizo su entrada en el mundo moderno pero, su espíritu ha comenzado a infectar la otrora iglesia verdadera…

Barnum creo toda una filosofía del éxito a base de falsas afirmaciones personales. Una ideología en la cual la verdad pasa a segundo plano para dar lugar a la persuasión y al carisma cualquiera sea su fuente. De ahí que los Barnum en el púlpito a menudo sean líderes persuasivos y carismáticos que han aprendido los secretos para seducir a la gente a que crea sus afirmaciones falaces. Y, tampoco sus seguidores aceptan razones porque donde mandan los sentidos no siempre hay sensatez. Producen adictos que acaban dando al César lo que es del César, y también lo que es de Dios.

Al final, nadie se extrañe que el “culto a la personalidad” sea la lógica consecuencia…

Alex de la Iglesia

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