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Colapso total en USA. Miles de desempleados

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Introducción del editor de Tom Dispatch

Los titulares lo dicen todo. Mi periódico local presentó las noticias de un modo bastante suave como “Los despidos se extienden a más sectores de la economía”; el Washington Post eligió algo un poco más fuerte: “Los despidos hieren en lo más vivo a la economía”, Los Angeles Times eligió “Diluvio de despidos afectan la economía de EE.UU.,”, el Indianapolis Star, “50.000 nuevas cartas de despido se acumulan”; y el San Jose Mercury, “Lunes sangriento: Firmas en EE.UU. reducen 50.000 empleos.” En una conferencia de prensa, el nuevo presidente recitó rápidamente nombres seleccionados de la fila de las mejores compañías que estaban desechando cuerpos y terminando vidas: “Durante los últimos días hemos sabido que Microsoft, Intel, United Airlines, Home Depot, Sprint Nextel, y Caterpillar están eliminando cada una miles de puestos de trabajo. No son sólo números sobre una página. Como en el caso de los millones de puestos de trabajo perdidos en 2008, se trata de hombres y mujeres trabajadores cuyas familias han sido desestabilizadas y cuyos sueños han sido postergados.”

Mientras tanto, el cálculo diario de la cantidad de despidos, dependiendo de cómo se cuente y si uno habla del ámbito global o nacional, afectó a todo el mundo – más de 40.000, 50.000, 55.000, más de 60.000, 71.400, 76.000. Véase como se quiera, son cuentas asombrosas que, como escribió Econowhiner en su blog, dio a la frase “Lunes sangriento” un nuevo significado en nuestro mundo.

Súmese la posibilidad de que el diluvio de embargos pueda llegar a ser posiblemente mayor de lo imaginado y que, como indica Nick Turse en su último artículo, que “bloody” ya no sea una metáfora. [“bloody” significa “sangriento” pero en lenguaje coloquial se usa como ‘maldito’, N. del T.]. Cada vez más los, “sangrientos” despidos y los “sangrientos” embargos llevan a hechos “sangrientos” en la vida de EE.UU. Es una historia crucial que Turse comenzó a cubrir en octubre en un artículo: “Comienzan a medir la catástrofe financiera en EE.UU. no sólo en dólares y centavos, sino en sangre” que exploró informes locales de prensa de todo el país sobre actos extremos de estadounidenses angustiados y desesperados. Como su serie “Fallen Legion” de la era de Bush – un historial invaluable de los íntimos del gobierno que “cayeron” mientras luchaban por mantener la línea contra el gobierno lejos del infierno – es un tema al que TomDispatch tendrá que volver regularmente. Después de todo, como deja demasiado en claro el “Lunes sangriento”, el sangriento recuento de actos extremos en EE.UU. probablemente aumentará durante mucho, mucho tiempo. Tom

Colapso financiero y mental

El recuento del número de víctimas sigue aumentando. Durante meses y meses, marcados por bancarrotas, embargos, desalojos, y despidos, el colapso económico total ha cobrado un precio alto a los estadounidenses. Como reacción, una serie de actos extremos, incluyendo suicidios, heridas auto-infligidas, e incendios intencionales han aparecido en las noticias locales. En octubre de 2008, un análisis de informes de prensa a escala nacional indicó que una epidemia de tragedias provocadas por la crisis financiera ya se había propagado de Pasadena, California, a Taunton, Massachusetts, de Roseville, Minnesota, a Ocala, Florida.

En los tres meses desde entonces, el sufrimiento ha esta migrando hacia arriba. Un número creciente de los ricos del mundo han llegado a los titulares por prominentes suicidios por motivos financieros. Como el “millonario financista” nacido en Nueva Zelanda quien saltó delante de un tren expreso en Gran Bretaña o el “magnate alemán” quien hizo lo mismo en su patria. Han aparecido, con creciente regularidad, en las primeras planas en todo el mundo. Un ejemplo sería el administrador financiero basado en Nueva York, René-Thierry Magnon de la Villehuchet, quien se cortó las venas después de “perder más de 1.000 millones de dólares de dinero de clientes, incluyendo gran parte de, si no toda, la fortuna de su propia familia.” A fin de cuentas, fue una víctima más del timo Ponzi de 50.000 millones de dólares del estafador financiero Bernard Madoff’.

Un número desconocido pero creciente de trabajadores menos acaudalados, pero claramente pudientes, del campo financiero, también se han matado como resultado de la crisis económica – con menos cobertura en la prensa. Tomemos, por ejemplo a un ex analista en Bear Stearns, de 51 años. Al saber que lo despedirían después que JPMorgan Chase adquirió a su fracasado empleador, se “tiró por la ventana” de su apartamento en el piso 29 en Fort Lee, Nueva Jersey. O consideremos al corredor de propiedades comerciales de 52 años de Chicago suburbano quien “se quitó la vida en una reserva natural” sólo “un mes después que se preocupó en público por un mercado retador,” o el “socio administrador en Leeward Investments” de San Carlos, California, de 50 años, quien fue aniquilado “en los mercados” y “se sofocó hasta morir.”

La psicóloga clínica de Beverly Hills, Leslie Seppinni, describió en cierto modo nuestra situación cuando dijo a la revista Forbes que era “la primera vez en sus 18 años de carrera que hombres de negocios la llamaban con impulsos suicidas por su condición financiera.” Sólo en los últimos tres meses, “ha intervenido en por lo menos 14 casos de hombres que consideraban seriamente en quitarse la vida.” Seppini brindó la siguiente observación: “Se sienten culpables y avergonzados porque piensan que debieran haber sabido lo que se venía en el mercado o que debieran haberse salido más rápido.”

A pesar de ello, es sobre todo en la Calle Mayor, no en Wall Street, donde la gente se ve impulsada a extremos que en otros tiempos hubieran sido inimaginables. Y aunque es siempre imposible conocer la miríada de factores, incluyendo algunos profundamente personales, que contribuyen a actos drásticos, violentos u otros, muchos de los publicados recientemente están indudablemente vinculados, o por lo menos en parte, a la manera como se ha desbaratado la economía.

Como resultado, siguen borboteando en la superficie los informes sobre gente impulsada a cualquier cosa, desde robos armados a suicidios con motivos financieros como reacción a las nuevas realidades fiscales. Y ya que sólo un cierto porcentaje de esos actos recibe cobertura mediática, el repiqueteo de lo que aparece en las noticias tiene que ser considerado alarmante.

 

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