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Antiguedades de los judios. Capitulos I y II

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ANTIGÜEDADES DE LOS JUDÍOS - LIBRO XVIII

POR FLAVIO JOSEFO

LIBRO XVIII

Abarca un lapso de treinta y dos años




CAPITULO I

Quirino practica un censo en Siria. Coponio, procurador de Judea. Oposición de Judas de Galilea. El sumo pontí­fice Joazar induce a los judíos a la obediencia

1. Entretanto Quirino, un senador que ya había ejercido todas las magistraturas y que luego de pasar por todos los grados hon rosos obtuvo el consulado, además de haber ejercido otras digni dades, llegó a Siria, enviado por César, para administrar justicia en esta provincia y hacer el censo de los bienes. Lo acompañaba Coponio, de la orden ecuestre, para que quedara al frente de los judíos con plenos poderes. Quirino pasó a Judea, que había sido anexada a Siria, para llevar a cabo el censo de los bienes y liqui dar los de Arquelao. Aunque los judíos al principio no quisieron acceder a la declaración, luego, por consejo del pontífice Joazar, dejaron de oponerse. Aceptando las razones de Joazar, permitieron que se hiciera el censo de los bienes.
Sin embargo, Judas, un gaulanita nacido en el pueblo de Gama-lis, con la adhesión del fariseo Saduco, incitó al pueblo a que se opusiera. El censo, decían, era una servidumbre manifiesta, y ex hortaron a la multitud a luchar por la libertad. Si tenían éxito, se aseguraban sus bienes; y en el caso de que lo tuvieran, conse guirían gloria y alabanza por la grandeza de su alma. Además la divinidad colaboraría en la obtención de estos designios, si emprendían grandes obras convencidos de su honorabilidad, y no dejaban nada de hacer para lograrla. Y en esta forma se aventu raron a algo sumamente temerario, pues sus palabras fueron acep­tadas ávidamente. A causa de su predicación, no hubo desgracia que no provocaran, sumiendo al pueblo en infortunios con mucha mayor intensidad de lo que pueda imaginarse: guerras de violencia continua inevitable, pérdida de amigos que hacían más llevaderas las penas, acrecentamiento de los latrocinios, muerte de los mejores hombres, todo con el pretexto del bienestar común, pero en realidad con la esperanza de lucro personal. Se originaron sublevaciones, y por su causa numerosos asesinatos, en parte entre la misma gente del pueblo, pues estaban tan enfurecidos unos contra otros que no querían ceder ante el adversario, y en parte también por la acción de los enemigos. A ello siguió el hambre, que llevó a extremos ver gonzosos, con capturas y destrucciones de ciudades, hasta que el mismo Templo de Dios fué sometido al fuego del enemigo. Fué tan grande el afán de novedades que llegó a perder a aquellos que fueron sus causantes. Judas y Saduco, que introdujeron entre nos otros la cuarta secta filosófica y contaron con muchos seguidores, no solamente perturbaron al país con esta sedición, sino que pusie ron las raíces de futuros males con un sistema filosófico antes des conocido. Quiero decir algo sobre el particular, tanto más cuanto que la adhesión de la juventud a esta secta causó la ruina del país.

2. Desde muy antiguo había entre los judíos tres sectas filosó ficas nacionales: la de los esenios, la de los saduceos y la tercera que se denominaba de los fariseos. Aunque hablamos de ellas en el segundo libro de la guerra judía (1), queremos ahora recordarlas en pocas palabras.
(1) La Guerra, II, 8, 2.14 (T. 4).

3. Los fariseos viven parcamente, sin acceder en nada a los placeres. Se atienen como regla a las prescripciones que la razón ha enseñado y transmitido como buenas, esforzándose en practicarlas. Honran a los de más edad, ajenos a aquella arrogancia que con tradice lo que ellos introdujeron. A pesar de que enseñan que todo se realiza por la fatalidad, sin embargo no privan a la voluntad del hombre de impulso propio. Creen que Dios ha templado las decisiones de la fatalidad con la voluntad del hombre, para que éste se incline por la virtud o por el vicio. Creen también que al alma le pertenece un poder inmortal, de tal modo que, más allá de esta tierra, tendrá premios o castigos, según que se haya consa grado a la virtud o al vicio; en cuanto a los que practiquen lo último, eternamente estarán encerrados en una cárcel; pero los pri meros gozarán de la facultad de volver a esta vida. A causa de todo esto disfrutan de tanta autoridad ante el pueblo que todo lo perteneciente a la religión, súplicas y sacrificios, se lleva a cabo según su interpretación. Los pueblos han dado testimonio de sus muchas virtudes, rindiendo homenaje a sus esfuerzos, tanto por la vida que llevan como por sus doctrinas.

4. Los saduceos enseñan que el alma perece con el cuerpo; y se limitan a la observancia de la ley. A su juicio es una virtud discu tir con los maestros que se consideran sabios. Su doctrina sólo es seguida por un pequeño número, aunque son los primeros en dig nidad. No realizan acto especial ninguno; si alguna vez llegan a la magistratura, contra su voluntad y por necesidad, se atienen a las opiniones de los fariseos, ya que el pueblo no toleraría otra cosa.

5. Los esenios consideran que todo debe dejarse en las manos de Dios. Enseñan que las almas son inmortales y estiman que se debe luchar para obtener los frutos de la justicia. Envían ofrendas al Templo, pero no hacen sacrificios, pues practican otros medios de purificación. Por este motivo se alejan del recinto sagrado, para hacer aparte sus sacrificios. Por otra parte son hombres muy virtuosos y se entregan por completo a la agricultura. Hay que admi rarlos por encima de todos los que practican la virtud, por su apego a la justicia, que no la practicaron nunca los griegos ni los bárbaros, y que no es una novedad entre ellos, sino cosa an tigua. Los bienes entre ellos son comunes, de tal manera que los ricos no disfrutan de sus propiedades más que los que no poseen nada. Hay más de cuatro mil hombres que viven así.
No se casan, ni tienen esclavos, pues creen que lo último es inicuo, y lo primero conduce a la discordia; viven en común y se ayudan mutuamente. Eligen a hombres justos encargados de per cibir los réditos y los productos de la tierra, y seleccionan sacer dotes para la preparación de la comida y la bebida. Su existencia no tiene nada de inusitado, pero recuerda en el más alto grado la de los dacas, llamados los Πολισταῖς (Polistoe, ciudadanos).

6. Además de estas tres sectas, el galileo Judas introdujo una cuarta. Sus seguidores imitan a los fariseos, pero aman de tal manera la libertad que la defienden violentamente, considerando que sólo Dios es su gobernante y señor. No les importa que se produzcan muchas muertes o suplicios de parientes y amigos, con tal de no admitir a ningún hombre como amo. Puesto que se trata de hechos que muchos han comprobado, he considerado conveniente no agregar nada más sobre su inquebrantable firmeza frente a la adversidad; no temo que mis explicaciones sean pues tas en duda, sino que al contrario temo que mis expresiones den una idea demasiado débil de su gran resistencia y su menospre cio del dolor. Esta locura empezó a manifestarse en nuestro pueblo bajo el gobierno de Gesio Floro, durante el cual, por los excesos de sus violencias, determinaron rebelarse contra los romanos. Es tas son las sectas filosóficas existentes entre los judíos.


CAPITULO II

Fundación de pueblos por los tetrarcas Herodes y Filipo en honor del emperador. Los samaritanos profanan el Tem plo y ocasionan siete días de impureza



1. Quirino liquidó los bienes de Arquelao y puso fin al censo, en el año treinta y siete después de la victoria de César en Accio contra Antonio. Joazar, que se había enemistado con el pueblo, fué destituído y en su lugar fué nombrado Anán, hijo de Set. Herodes (1) y Filipo se hicieron cargo de sus respectivas tetrarquías. Herodes fortificó Séforis, adorno de la Galilea, y la llamó Autocratoria (imperial); también, después de haber rodeado de mu rallas a Bezaramita, otra población, la denominó Julias en memo ria de la emperatriz. Filipo hizo levantar Paneas cerca de las fuentes del Jordán, y la llamó Cesárea; el poblado de Bezaida, al lado del lago de Genezaret, fué elevado a la dignidad de ciudad por el número de sus habitantes y recibió el nombre de Julias, en honor de la hija del César.
(1) Herodes Antipas.

2. Durante la administración de Coponio, procurador de Judea, quien, como dijimos, fué enviado con Quirino, ocurrió lo siguiente. Durante la fiesta de los ácimos, que denominamos Pascua, los sacerdotes acostumbraban abrir las puertas del Templo después de medianoche. En esta ocasión, habiendo sido abiertas, algunos samaritanos que se habían introducido clandestinamente en la ciu dad, esparcieron huesos humanos por todo el Templo y los pórti cos. Desde entonces se prohibió a todos los samaritanos la entrada al Templo, lo cual no se acostumbraba a hacer anteriormente, y además fué más severa la vigilancia.
Poco después Coponio regresó a Roma, y lo reemplazó Marco Ambivio. Durante su gobierno falleció Salomé, la hermana del rey Herodes, que legó a Julia Jamnia y toda la toparquía, Fasalis, en la llanura, y Arqueláis, donde se encuentra una gran plantación de palmeras cuyos frutos son excelentes.
A Marco Ambivio le sucedió Anio Rufo, durante cuyo gobierno murió Augusto César, segundo emperador romano que reiné cin cuenta y siete años, seis meses y dos días, habiendo compartido el poder durante catorce años con Antonio. Vivió setenta y siete años. Le sucedió en el gobierno Tiberio Nerón, hijo de su esposa Julia. Fué el tercer emperador romano.
Nerón envió como gobernador a Judea, después de Anio Rufo, a Valerio Grato. Este destituyó a Anán del pontificado y puso en su lugar a Ismael, hijo de Fab. Poco después lo destituyó y nombré a Eleazar, hijo del pontífice Anán. Un año después, ha biéndolo privado igualmente de sus funciones, entregó el ponti ficado a Simón, hijo de Camit. Este no había ejercido sus fun­ciones ni un año, cuando lo sucedió José, a quien llamaban tam bién Caifás. En cuanto a Grato, después de haber estado en Judea once años, le sucedió Poncio Pilatos.

3. El tetrarca Herodes edificó una ciudad que llamó Tiberíades, por su gran amistad con Tiberio; estaba ubicada en la mejor parte de Galilea, en el lago de Genezaret. En su vecindad hay un po blado de nombre Emaús que tiene fuentes termales. Fueron a vivir allí gran número de personas de Galilea, así como todos aquellos habitantes del país de Herodes que eran obligados por la fuerza a radicarse en él, entre ellos algunos de los principales. Herodes instaló también a muchos pobres para que vivieran allí y a otros cuya condición de libres no estaba claramente establecida; les otorgó muchos privilegios e inmunidades, para que se sintieran alentados a quedarse en aquella ciudad. Levantóles casas y les asignó campos. Todo esto porque sabía que el residir allí era contrario a las costumbres judías, pues para levantar la ciudad fueron destruidos muchos sepulcros, retirando los huesos. Nuestra ley declara impuros durante siete días a los que viven en tales lugares.

4. Por la misma época murió Fraates rey de los partos, a conse cuencia de las intrigas fraguadas por su hijo Fraataces, por el motivo siguiente. Fraates, que tenía hijos legítimos, recibió de Julio César, entre otros regalos, una esclava de raza italiana, cuyo nombre era Termusa. Al principio, la trató sólo como concubina; pero cautivado por su belleza, algún tiempo después se casé con ella y la dignificó, aceptando también al hijo que tuviera coit ella. Termusa obtenía del rey todo lo que quería, y como aspiraba a que su hijo ocupara el trono de los partos, pensó que sólo lo conseguiría si lograba imaginar algún medio para desplazar a los hijos legítimos de Fraates. Persuadió a su marido de que enviara a Roma como rehenes a los demás hijos. Así lo hizo el rey, pues no le era fácil oponerse a la voluntad de Termusa.
En cuanto a Fraataces, que había sido educado para el gobierno, consideró molesto y demasiado largo esperar a que se le entregara el reino a la muerte de su padre. Con ayuda de su madre, de la cual según se decía erá amante, intrigó contra su padre. Por ambos motivos se concité el odio del pueblo, pues los súbditos consideraron que su incesto era un crimen tan grande como su parricidio. Antes de que se acrecentara su poder, en una sedición fué expulsado del reino y muerto. Los más nobles de los partos determinaron que sin rey no era posible el gobierno del estado, y que el rey debía ser de la familia de los Arsacidas. No era lícito que otros gobernaran; bastante habían sufrido a causa del matri monio con una concubina italiana y del hijo que naciera del mismo. Enviaron mensajeros para que invitaran a ocupar el reino a Orodes, que era de estirpe real, a pesar de no ser bien visto por el pueblo por su excesiva crueldad, su genio intratable y su incli nación a la ira.
También a éste lo mataron durante una conjuración; según algunos, mientras comían y bebían, pues todos tienen por cos tumbre llevar siempre las espadas; aunque, según otros, mientras se dedicaba a la caza. Es así que enviaron una legación a Roma, pidiendo que se les otorgara como rey a uno de los rehenes. Fué enviado Vonones, preferido a los otros hermanos. Parecía que la suerte le favorecía, pues tenía en su favor a las dos potencias más grandes del universo, la suya y la extranjera. Pero muy pronto los bárbaros cambiaron de opinión, por ser de naturaleza inconstantes. contra la indignidad de este trato, pues se negaban a obedecer a un esclavo extranjero, considerando a los rehenes como escla vos; y creían vergonzosa la designación, pues el rey no había sido impuesto por derecho bélico, sino, lo que era mucho peor, a consecuencia de una paz ultrajante. Sin tardanza enviaron lega dos para que hicieran venir a Artabano, que reinaba en la Media, de la familia de los Arsacidas. Lo convencieron y se presentó con el ejército.
Vonones le salió al encuentro, pues al principio estaban en su favor la mayor parte de los partos, imponiéndose a Artabano, que se vió obligado a escapar a las fronteras de Media. Sin embargo, poco después, con un gran ejército, se trabé en lucha con Vono nes a quien venció, de modo que éste, con algunos de sus soldados de caballería, escapó a Seleucia. Artabano, después de hacer una gran matanza entre los bárbaros, con el objeto de atemorizarlos, con sus tropas se dirigió a Ctesifón. Y así empezó a gobernar a los partos. Vonones se refugié en Armenia e inmediatamente rei vindicó el derecho al gobierno en este país, y envió legados a Roma con este propósito. Pero Tiberio se lo negó, tanto por su negligencia como por sus amenazas, pues por intermedio de sus legados había amenazado con la guerra; como no disponía de otro medio para conservar el reino, ya que los más poderosos de la región de Nifates se habían unido a Artabano, se entregó a Silano, gobernador de Siria. Fué guardado con deferencia en Siria a causa de haber sido educado en Roma. Armenia fué dada por Artabano a Orodes, uno de sus hijos.

5. Por este tiempo murió Antíoco, rey de Comagena. Se ori ginó una discordia entre el pueblo y los nobles, y ambas panes enviaron legados a Roma. Los nobles pedían que el reino fuera reducido a provincia, pero los del pueblo exigían que, de acuerdo con la costumbre nacional, continuara la forma del gobierno real. Un senadoconsulto designé a Germánico para que fuera a poner en orden los asuntos del oriente; era la ocasión que el destino le deparaba para que muriera. Encontrándose en el oriente, después de haber arreglado todos los asuntos, fué envenenado por Pisón, según cuentan otros historiadores (1).

(1) V. Tácito, Anales, t. II, pág. 69 y sigs.

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Comentarios Antiguedades de los judios. Capitulos I y II

¿Dónde puedo bajar los dos volúmenes del Libro de Flavio Josefo, "Antigûedades de los Judíos"?
Raoul Raoul 23/02/2010 a las 22:56

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